Entonces vi que todo era real, que las calles gritaban
libertad, voluntad popular, gloria, ideales, verdades, todo a un mismo son y
tempo, el malestar se sentía, veía y olía en las calles. Los cauchos quemados,
la gente gritando en coro lo que querían, la decisión irrefutable del pueblo,
la fortuna de los gobernantes se somete a él. El pueblo decide quien sube quien
baja, cuando y donde.
Es lo que se grita en las calles, no en los tribunales, ya
las formalidades no tienen sentido en este tipo de modalidades, la gente grita
en coro y dicta lo que los gobernantes tienen que hacer y La historia se
encarga de escribir, como tiene que ser, la voluntad social, por el bien y satisfacción
social.
Puedes oler y sentir lo que quieren las personas, el miedo a
la autoridad se pierde, y la incertidumbre de lo que el pueblo es capaz se
empieza asomar. Me pregunto: ¿Estamos preparados para afrontar las
consecuencias de lo que significa un pueblo molesto? Miro a mi lado veo las
casas con las familias fuera de ellas, exigiendo lo que les corresponde, veo a
los jóvenes junto a los más viejos agarrados de la mano gritando lo que les
corresponde, veo a los niños con sus madres apoyando esto que se vive, levanto
mi mirada y ahí esta ella. Hondeando con tanta libertad y belleza, mi bandera,
la bandera de mi pueblo, mi pueblo molesto, mi pueblo consiente, mi pueblo
decidido, mi pueblo siempre libre: Venezuela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario