sábado, 1 de junio de 2013

Silencio.

Silencio, me impacta la cantidad de gritos mudos que se pronuncian cuando aparece, me sorprende la lluvia de lágrimas que cae cuando el silencio llega. El aire se puede poner pesado, tal punto que casi no se puede respirar, las miradas se congelan, el humo deja de moverse, todo se vuelve tan sutil que cualquier cosa puede romper ese gran silencio, pero nadie ni nada tiene el valor de hacerlo, nada.


El silencio, después de un beso, después de una caricia, después de un lamento, de un estruendo, de un suspiro; silencio, antes de vivir, y por supuesto, quiero silencio después de morir.

viernes, 17 de mayo de 2013

Después de tomar ese té.


En cada trago traté de olvidarte, en cada inhalada del cigarro traté de matar los recuerdos que me dejaste, en cada letra de esto que escribí traté de borrarte, pasarte a un papel para tenerte fuera de mi mente. 

Para no despertar y quererte decir buenos días con un beso, para no querer abrazarte por lo linda que te ves cuando logro molestarte con mis tonterías, para no querer tenerte en mis brazos cuando andas soñolienta.

Quitar de mi cabeza esa sonrisa que logro sacarte cuando estamos juntos, para extinguir tus besos, tus caricias, tu comida.

Llene mi cuarto de humo de cigarro cada noche para borrar el olor a ti que quedo en mi cama, compré ropa nueva para no tener que verme en el espejo con mis camisas que me encanta que uses.

No sé cuántos blues toqué, cuantos vinos me tomé, cuantas cajas me fumé, cuantas rayas en mis paredes pinté, solo para al final, en mitad de un “Te quiero” te olvidé.

No puedo quererte, no debo quererte, no quiero quererte, lucho con eso diariamente y más cuando te tengo tan presente. Me resigne a quererte a ratos y solo por el tiempo necesario, esa es la única forma no tan nociva y que sé que a ti te gusta más.

En pocas palabras: Te querré, te detestaré, pero por supuesto, no por siempre, solo a ratos. Así es mejor.

viernes, 10 de mayo de 2013

La Familia Feliz.


José Feliz llevaba una vida sin vicios, una vida muy estable, tenía sus creencias religiosas muy marcadas, un trabajo básico que le pagaba bien pero en el que no podía ascender a más. Él tenía una esposa de su misma edad, un hijo saludable de 10 años, el cual practicaba un deporte y hacia una travesura tonta de vez en cuando, una hija muy bonita y agradable de 17 años con muy buenas calificaciones.

José feliz se levantaba todos los días a en la mañana, tomaba café, desayunaba y se iba a trabajar; los viernes trabajaba  medio turno y en la tarde jugaba con su hijo, si este no hacia una de sus aventuras de meterse en el patio de la vecina a buscar las pelotas de béisbol.

José feliz siempre tenía una sonrisa bien puesta, decían que hacía mucho honor a su apellido. La familia feliz era la más querida del vecindario Praderas Rojas: La familia con los mejores hijos, las mejores reuniones de sábados por la noche donde siempre iban las mismas personas, el mejor pasto, el más verde y las flores más coloridas.

Una vida muy cotidiana y controlada, tan metida en la rutina que parecía ser perfecta, todo era una sonrisa, sin peleas y siempre planeado lo que se va hacer y cómo se va hacer.

Repitiendo lo mismo cada día a la perfección por el resto de su vida, sin derecho a cambio, sin derecho a molestarse, sin derecho a gritar, sin derecho a llorar, sin derecho a equivocarse, sin derecho a dejar de sonreír, sin derecho a la infidelidad, sin derecho al abandono propio, sin derecho a ningún tipo de vicio, sin derecho a suicido o muerte accidental frente a dicha condena.

El irónico sufrimiento de vivir tan perfectamente “bien”, condenado a la cotidianidad, al sueño social de la época de cuando él era niño, condenado al peor de los infiernos, al más inhumano: Condenado a  ser el señor “Feliz” el hombre de “la familia feliz”.

José estaba harto de esto, quería morir, quería llorar, no quería seguir sonriendo si no quería, no quería seguir cogiéndose a su esposa solo en el día de su aniversario o cuando su hija se quedaba en la casa de la vecina.

Quería cogerse a todas las mujeres del vecindario y que lo botaran de su casa, faltar al trabajo, orinar su precioso pasto verde frente a su casa que es igual a las demás, gritar, escupir he insultar a todos los que vivían ahí. Eso quería.

Estaba loco por ser humano, estaba loco por equivocarse, estaba loco por embriagarse, por un cigarro, por algo improvisado.

Pero no podía, esa era su condena, no podía escapar. Porque cada vez que intentaba hacer algo que se saliera de esa espantosa ruta, en otras palabras: hacer algo de humanos, veía todo negro y se encontraba otra vez empezando el día, así sucesivamente hasta que cumpliera a la perfección la cotidianidad de su vida.

Pero esto es lo que eligió este hombre cuando le propusieron la silla eléctrica después de ser hallado culpable por violación de una menor, decidió saltar del 4to piso del tribunal para quedar en coma y afrontar este espantoso he inhumano sueño.

Solo puedo decir que, aparte de que su condena me parece justa, me parece que:

Llevar una vida cotidiana, estable y fuera de toda improvisación, es el peor de los suicidios.

lunes, 29 de abril de 2013

Vida sobre ideal.


Ya no se sabe si vale más una vida que un ideal.
Ya no se sabe si es posible curar todo el dolor que se ha causado la
dicha Humanidad a sí misma.
Ya no se sabe si el término Humanidad es aplicable a esto que supuestamente somos.
Ya no basta con llorar y reprimir ira al ver todo lo que pasa,
Ya no sé si la vida es tan valorada como debería,
Ya no sé si Merezco cada respiro sabiendo que cada vez que inhalo otra
Persona tiene su último suspiro.
Ya no sé si comer, si cada vez que muerdo mi comida otro muerde la muerte
Ya no sé si vestirme, sabiendo que otro perece el frío
Ya no se llorar si otros no pueden.
Ya no sé si amar si otros está destinados a ser olvidados.
Ya no sé si caminar si otros pierden sus piernas en una guerra,
Ya no sé si mirarme en el espejo, si otros ya no pueden ver.
Ya no sé dónde está la supuesta igualdad y justicia por la que tanto luchó y sueño.
Ya no sé dónde mirar primero si donde veo consigo miseria.
Ya no sé a dónde pisar si a donde vaya consigo dolor.
Pero si algo que sí sé, es que voy a luchar y caeré luchando.
Para cambiar, para mejorar, para poder comer, reír, caminar, amar,
mirar, opinar, vivir, sea algo que en verdad todos hagamos y
disfrutemos. Luchó, por el ideal de vivir.

Favorita


Tiene la habilidad de acelerar mis días, convirtiendo el nocivo swing que disfruto tanto, en una samba que me cansa muy rápido. La adrenalina es algo común al hablar con ella, no sé si es más emocionante estar cerca del peligro mientras patino o cuando estoy con ella.

Besarle es como besar la muerte, me recuerda a las canciones, ella es agradable de escuchar, interesante de entender y fascinante para tocar. Solo puedo decir que es mi canción favorita, pero como toda favorita, es caprichosa y poco tiende a durar y poco la quiero ver para no aburrir su magia.

Entre todas las canciones, la que más me atrapa es ella con su melodía de voz, sus cambios de tempo con su humor, lo que expresa con las letras de su movimiento y lo que transmite con lo que piensa al tocarla.

sábado, 20 de abril de 2013

Es lo que quiero.


Yo quiero que mi gente tenga sentido de propiedad, que no vendan su culo por unos ojos azules, ni por un habano. Quiero que los niños de mi tierra señalen el cielo cuando les pregunten: ¿Qué tan grandes son? que los jóvenes sepan lo que vivieron sus padres, que tengan sus propios ideales, sin que estos les impidan valorar la vida propia y ajena.

Quiero que mi bandera hondee libre en mi tierra y en otras, quiero que mi gente se aprecie y tolere sin importar su color de piel o partido. Quiero que en las escuelas compitan para ver quién es más feliz haciendo lo que les gusta, en vez, de competir para ver quien roba más.

Quiero que los jóvenes no salgan con la esperanza muerta de las universidades y piensen en largarse apenas reciban su título, quiero que los guardias se deban primero al pueblo no a un gobierno o política.
Quiero que las clases bajas sean respetadas, pero que sean educadas para superarse a sí mismas no para destruir a quienes tienen la dicha de vivir mejor. Quiero que mi gente, mis símbolos, mi moneda sea ejemplo a seguir en otras partes.

Quiero que mi país ayude a otros sin olvidarse de sí mismo, unidad y libertad es lo que quiero.

jueves, 18 de abril de 2013

Cosas que se ven y se sienten en mis calles.


Entonces vi que todo era real, que las calles gritaban libertad, voluntad popular, gloria, ideales, verdades, todo a un mismo son y tempo, el malestar se sentía, veía y olía en las calles. Los cauchos quemados, la gente gritando en coro lo que querían, la decisión irrefutable del pueblo, la fortuna de los gobernantes se somete a él. El pueblo decide quien sube quien baja, cuando y donde.

Es lo que se grita en las calles, no en los tribunales, ya las formalidades no tienen sentido en este tipo de modalidades, la gente grita en coro y dicta lo que los gobernantes tienen que hacer y La historia se encarga de escribir, como tiene que ser, la voluntad social, por el bien y satisfacción social.

Puedes oler y sentir lo que quieren las personas, el miedo a la autoridad se pierde, y la incertidumbre de lo que el pueblo es capaz se empieza asomar. Me pregunto: ¿Estamos preparados para afrontar las consecuencias de lo que significa un pueblo molesto? Miro a mi lado veo las casas con las familias fuera de ellas, exigiendo lo que les corresponde, veo a los jóvenes junto a los más viejos agarrados de la mano gritando lo que les corresponde, veo a los niños con sus madres apoyando esto que se vive, levanto mi mirada y ahí esta ella. Hondeando con tanta libertad y belleza, mi bandera, la bandera de mi pueblo, mi pueblo molesto, mi pueblo consiente, mi pueblo decidido, mi pueblo siempre libre: Venezuela. 

Pequeñas y eternas frustraciones, niños de guerra y hampa.

Una lenta y suave melodía pasaba por sus ojos ese día, ojos que parecían negros de lo dilatados. Una lagrima que se mezclaba con la lluvia aquel día, ese dichoso día en el que esa personita vio como se caía su titan.

Como su camino ya se le iba una luz más, como el personaje de sus aventuras caía y se iba, como ya no podía lanzarse y ser abrazado, como ya se sentía poco amado, como una nota grave de un piano sonó y esa personita se desplomo. Como el disparo que le quito a su titan, su papá, un silencio eterno de segundos, un dolor constante y andante, un recuerdo constante, una frustración ahogante.

lunes, 25 de marzo de 2013

...


Mi error fue quererte más de lo debido, al estrellarme con una pared de mentiras en esta película algo entretenida llamada vida, solo queda recolectar los pedazos de lo que tristemente soy yo, mantengo mi calma con un cigarrillo y con un escoses cuando es debido.
Mi sentido de autodestrucción me está ganando camino, pues ahora ya no compro chocolates si no cigarrillos, ya no tengo a quien tocarle una canción y que sonría, un momento muy divino es hacer reír a tus seres queridos con un poco de música, loqueras y un descontrol nada fingido. Pero al ya no hacer eso solo me acompañan la ira y la tristeza de lo que fui o pude haber sido.
Me disculpo por malos actos cometidos, si te mire, trate mal e incluso si te ignore, solo son los actos de un bipolar que se acaba de estrellar y que aunque no quiere, se tiene que alejar. Porque a pesar de bohemio  medio ebrio, desentendido, excéntrico un tanto mal vestido el hecho de ser un caballero nunca lo olvido. En fin, para ya acabar, me despido un tanto triste y confundido con un escrito que espera ser leído y un "escritor" que no quiere estar herido.

Nacimiento de una obra


Chocando la cara con el carbón de la pared, ya no sé si amo lo que he plasmado, mi orgullo por otro lado del cuarto me escupe por permitir que otras personas lo hayan golpeado, mi ira en el techo sin sueño esperando que mi paz termine de irse del cuarto, en una esquina mi ego en la ventana dándome una mirada de la cual me no me apego, en el baño mi esperanza descargando la poseta y yéndose con el agua, en mi cama la tristeza me espera irónicamente muy contenta y la alegría en la mitad esperando a como reaccionaré.
No dejo de ver lo que pinte, no dejo de chocar mi rostro con el carbón que está en la pared figurando la verdad que plasme. Mis dedos están sucios, asesine a mi paz y lo hice sin más. Tome el carbón, con cada trazo la fui golpeando, amordazando, con cada toque de mi dedo en la pared la fui matando, dejando una obra plasmada en la pared de mi cuarto, que con la cual me descargue tanto, que tengo mis sentimientos a mi lado tan vivos que siento que me van a comer vivo.

Agonía de un artista


Ese momento cuando llegas a cierto punto de astiamiento, donde todo pasa más lento, donde su aburrimiento se convierte en tormento, donde los besos y los te quiero son solo momentos, vagos recuerdos, donde el humo ya no quema y se lleva lo que te atormenta. 

Un cigarro más, un whisky más otro día más. De ambulando en una escala de grises donde estás tan triste que no percibes lo elocuente de tu mente, donde el papel te consume antes de poder escribir, donde las cuerdas se oxidan antes de una melodía, donde las formas pierden su gracia.

Esa frustración constante de esperar y sin poder parar. Estoy corriendo sentado, estoy gritando sofocado, estoy llorando con ojos cerrados, estoy tocando estando atado, estoy cayendo mientras estoy parado. En fin, estoy ahí desolado.

Un día algo eludible


Caminando en mi mente me encontré con tanta tristeza clemente, un dolor que despedía un olor que trate de tapar con humo de cigarrillos creyendo alzar un muro de ladrillos, a la presencia de mi conciencia me asome por la ventana de mis ojos para ver los tuyos.
Estaba en otro sitio queriendo hablar contigo, pero estaba muy golpeado he ido para decir algo que llevara el hilo. De esa situación solo logre encerrarme en una habitación esperando salir y no verte por el balcón, que a pesar que deseaba hablar, mi voz solo ayudaba a desalentar quitándome las ganas de caminar y avanzar.
Al alejarme, la frustración me abrazo como un alambre asfixiándome y llenándome me hambre dejando un pan soledad para alimentarme. En fin, sonreí para alentarme, encendí un cigarro y continúe tambaleando, jadeando y lanzando unos dados esperando que mi suerte apareciera en algún lado, me senté y deje todo de lado. Escribí esto algo desorientado esperando que lo leyeras en algún lado.

Juego sin titulo


Ella juega tan sucio como yo, eso es tan bueno como malo, y crea una nociva atracción que me mata. Un juego tan enviciante y entretenido que me divierto por lo auto destructivo y muy bipolar que se torna la escena.
Que después de un no hay un beso, que después de un si no hay nada. Es un juego en el que tanto ella como yo sabemos que va a pasar, pero los dos queremos que pase solo por el grato momento te tener la razón y el control de la situación, manejándonos mutuamente, engañándonos mutuamente, burlándonos mutuamente, y aunque tanto a ella como a mí nos cueste decirlo… queriéndonos mutuamente. Dando y quitando victorias diariamente, la verdad no me aburro de esto, pero no sé cuándo vaya a durar, pero algo que si sé, es que ella y yo vamos a disfrutar de este tonto he interesante juego hasta que se acabe.

Lamento de un loco


Cansado de caminar solo, cansado de fumar, cansado de compartir mi aire con el cigarro y no con alguien. Cansado de tomar para olvidar y no para disfrutar, cansado de comer, de no poder degustar y compartir el plato. Cansado de matarme a mi mismo, cansado de esperar, cansado de andar sin nadie a quien abrazar, cansado de escribir algo y no tener a quien recitar, cansado de tocar mi instrumento sin poder tocar a alguien con las notas que salen.
Cansado de mirar sin poder observar una mirada devuelta, cansado de caminar sin un sitio a donde llegar, cansado de mi soledad. Sí, estoy cansado de ella, ella no me permite sonreír mas, caminar o avanzar. Ella, mi soledad, solo mía, enteramente mía, simplemente mía, estúpida y lamentablemente mía.

domingo, 24 de marzo de 2013

Cantaba solo en un bar.


Cantaba solo en un bar: Sociedad, sociedad cuanto asco mas vas a dar? sabiendo que él era parte de ella y consiente de su escena se digno a tomar un poco mas. Un ser triste y perezoso algo visualmente embarazoso con un potencial casi escandaloso canta sus rimas acidas con mucho gozo.
Deleitando a su propio ego que lo trata sin mucho apego. Encendió un cigarrillo y dijo unas cuantas palabras que retuercen a mas de uno como un tornillo. A pesar que loco parecía sabia lo que decía. Al compararse con ser tan asqueroso como el mismo, la sociedad le sonreía para dejarlo con agonía en un bar con un poco de melancolía.
Un mundo lleno de licorerías mantiene a la gente con poca vida, en fin, desahogan sus penas con la bebida. Aquel hombre se conocía y muy bien, eso parecía. Lo envidiable era que en medio de su melancolía disponía de una sonrisa con rara alegría.
Una Hiroshima de ironía se plagaba en el bar ese día, algo interesante ya que nadie andaba fuera de su razón ese día. El licor fluía pero no se llevaba a nadie con su ida. Ese hombre concia lo malo de su vida y lo aceptaba con mucha alegría, sabia que mientras de embriagaba muchos morían y mientras se levantaba al día siguiente muchos caían. Injusticia de eso esta plagada esta vida una desdicha que todo ser lucha hasta el final de sus días.