Chocando la cara con el carbón de la pared, ya no sé si amo
lo que he plasmado, mi orgullo por otro lado del cuarto me escupe por permitir
que otras personas lo hayan golpeado, mi ira en el techo sin sueño esperando
que mi paz termine de irse del cuarto, en una esquina mi ego en la ventana
dándome una mirada de la cual me no me apego, en el baño mi esperanza
descargando la poseta y yéndose con el agua, en mi cama la tristeza me espera
irónicamente muy contenta y la alegría en la mitad esperando a como reaccionaré.
No dejo de ver lo que pinte, no dejo de chocar mi rostro con
el carbón que está en la pared figurando la verdad que plasme. Mis dedos están
sucios, asesine a mi paz y lo hice sin más. Tome el carbón, con cada trazo la
fui golpeando, amordazando, con cada toque de mi dedo en la pared la fui
matando, dejando una obra plasmada en la pared de mi cuarto, que con la cual me
descargue tanto, que tengo mis sentimientos a mi lado tan vivos que siento que
me van a comer vivo.
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